La izquierda abertzale, o sea los terroristas de ETA, quieren controlar Mondragón a través del miedo. Eso es lo normal, lo que hacen en todos los sitios del País Vasco. A través del miedo y del terror intentan dominar y servirse de los ciudadanos normales para lograr sus bastardos objetivos.
En la espiral de odio que arrasa el alma – si es que la tienen, cosa que dudo- de estos asesinos, alguien se ha levantado con la idea de comprobar que personas están de su parte en la bonita población de Mondragón y sólo se les ha ocurrido a estos nazis un método nazi: carteles en las puertas de las casas anunciando una recogida de firmas en la que se pide el acercamiento o liberación de asesinos de ETA condenados en diversas cárceles de España. A ver quién es el guapo que se niega a firmar. Al que no firme lo fichamos, al día siguiente pintada en su puerta, abucheo, paliza por la calle, incendio de su casa o su negocio y por último dependiendo del cabreo de los mafiosos; tiro en la nuca. Gangsters de Chicago años veinte ofreciendo protección. Nazis de Hitler marcando a judios para tenerlos controlados.
Los sufridos ciudadanos de Mondragón a los cuales el Estado de Derecho no ha llegado, la libertad no ha llegado y por tanto la democracia aún no ha llegado; se veran en el brete de firmar de acuerdo con su conciencia o de proteger familia y hacienda, esto es, firmar bajo amenazas.
Yo, no estoy en el País Vasco, sería muy fácil desde la comodidad de mi escritorio aventurar una solución. Quizá si hubiera más Emilios las tornas se cambiaran y la solución estaría cada vez más cerca. Donde no defiende el Estado a sus ciudadanos, estan éstos totalmente legitimados para defenderse ellos mismos.
